sábado, mayo 12, 2012
Der Schwer gefasste Entschluss
-Y es que sólo la persona más cínica o aquella con el más alto grado de convencimiento son capaces de soportar cualquier cosa sin desviarse de su camino. El límite entre uno y otro es demasiado sutil, a veces imperceptible. Quien no está parado de un lado ni del otro, es propenso a cometer errores de juicio, pues ni siquiera comprende la magnitud de lo que está en juego, tanto para el cínico como para el convencido: la vida misma.-
Escribir con lápiz y borrarlo. Y volver a escribir. Y borrar de nuevo. Y borrar, como si no se hubiera ya escrito una historia. Como si se pudiera hacer y deshacer al antojo del autor, y no hubiera personajes creados y descreados, escritos y borrados, una y otra vez, para crear otros personajes que tampoco durarán, que ni siquiera llegarán a formarse del todo, porque algún cínico nuevo autor se crea con la capacidad o el derecho de borrar lo que existe y escribir una historia nueva.
Obvia que las hojas son las mismas, y las manchas borroneadas de la historia anterior siguen allí, por mucho que intente sacarlas, o taparlas. Ya no hay grafito sobre el papel, y los viejos personajes son, quizás, un boceto de persona que no fue. Una historia que nunca fue escrita, que no tiene principio ni fin, y que los dejó boyando a la intemperie, suelo y cielo de papel, aferrados al vacío de una hoja blanca (blanca, pero no en blanco; blanca, con el peso de todo lo que no está escrito).
Y entonces? Qué haría? Miraba el papel y sabía que tenía una decisión que tomar: jugarse a rescatar historias y personajes borroneados, o escribir una historia nueva. Cuál de las dos opciones lo acercaba al polo positivo y cuál al negativo? Cuál lo volvía un cínico capaz de destruir lo que existiese en su camino, y cuál un convencido capaz de construir algo que no existía, o que nunca había terminado de existir, aún?
<Der Schwer gefasste Entschluss>; una decisión de peso.-
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