Tiene letras cansadas y un tono de teclado acelerado;
el tiempo le pesa en las manos;
los ritmos, en las palabras.
Leo su decir con atención, y es que dice,
explosivamente, sin rodeos, sin estrofas,
de corrido, con la tinta en la lapicera,
con el silencio en la garganta, con las voces
en el cuerpo, y su voz,
su voz, del otro lado de la red.
Lejos: literalmente al alcance de su mano.
Lejos, como aquello que sólo se ve
mundo de por medio,
pantalla de por medio,
teclado de por medio,
apenas revelando
un ojo
por la mirilla de una computadora.
