lunes, marzo 19, 2012

Dormir



Y es que dormir con alguien es el acto más íntimo, más intenso, que el amor conoce.

Dormir con alguien es entregarle el propio cuerpo inconsciente a otra incosciencia;
es respirar el mismo aire,
y sentir las respiraciones irse adaptando entre sí,
y acoplarse hasta el unísono;
es el roce de la piel en contacto sutil y desinteresado,
la desconexión de la cabeza en un acto total de confianza.
Es mostrarse en el estado más vulnerable,
exponerse, sin reparos, sin escudos, sin control sobre uno mismo;
es compartir, disfrutar, los cuerpos más allá de lo sexual,
y los sentidos más allá de la realidad.
Dormir con alguien es terminar un día con una persona,
completar el silencioso balance del día
en otro balance, en otro silencio,
y recargar energía del cuerpo del otro,
de su olor, de su calor,
de su simple presencia,
para comenzar un nuevo día.
Dormir con alguien es compartir la cotidianeidad que no se ve, que no se sabe, la inevitable transición de noche a día, que es la continuidad. Es, en otras palabras, continuar, juntos.