Me puede, me puede...
sus marrones, y esa forma
de pasar desapercibidos;
sus naranjas, y ese
instinto de fuerza, de permanencia,
como una constante...
sus amarillos brillantes,
el principio,
un espejo del sol...
Y sus rojos...!
fogosos, encendidos, brillantes,
pasionales rojos, callados rojos...
Y su forma de pasar,
tan por al lado, tan por encima,
tan,
con todo su perfil bajo,
tan intensamente,
renovando la vida,
dejando morir, silencioso,
para volver a nacer.
Sí... el otoño me puede.
